Tres décadas de pasión flamenca, María Ilse Vargas, entre palmas y tacones
Su viaje hacia la danza comenzó a los 4 años; sin embargo, fue a los 12 cuando descubrió su verdadera pasión: el flamenco
Revista del Domingo.- Del vibrante zapateo y el "olé" que resuena con pasión, emerge María Ilse Vargas Izaguirre de Degwitz, conocida como "Machi" o “Marilse”. Esta valenciana evoluciona cada escenario en un lienzo lleno de vida, adornando su arte con flores y energía torera. Como diseñadora de modas, fusiona su amor por el flamenco y el buen vestir, creando auténticas obras maestras en cada paso. Su dedicación y creatividad son un reflejo de una vida en movimiento donde el arte no solo es una profesión, sino una forma de vida.
Desde sus inicios, María Ilse ha compartido su pasión con su familia. Junto a su esposo, Alejandro, y sus dos hijos Constanza y Mauricio, encuentra inspiración en la calidez del hogar. Crecer como la mayor de cuatro hermanos le enseñó la importancia de la unión familiar, un valor que impregna su enseñanza y su arte. Esta conexión personal se traduce en la forma en que aborda el flamenco: no solo como un baile, sino como una expresión profunda de emociones y vivencias.
Su viaje hacia la danza comenzó a los 4 años, cuando su madre la inscribió en ballet y jazz; sin embargo, fue a los 12 cuando descubrió su verdadera pasión: el flamenco. Pasando por tres academias en la ciudad, cada paso la acercaba más a su sueño de convertir el flamenco en carrera. Este deseo la llevó a España, el epicentro del flamenco, donde su formación alcanzó nuevas alturas.
En el prestigioso Centro de Arte Flamenco Amor de Dios, María Ilse no solo perfeccionó su técnica, sino que también se inspiró para llevar la enseñanza flamenca a un nuevo nivel. Este viaje transformador fue crucial para desarrollar su visión artística y pedagógica. Así, tras regresar de Estados Unidos en 1994, la presidenta de ese momento del Country Club Valencia le propuso crear la academia de flamenco “Marilse Vargas”.
Con dedicación y dominio del arte, Marilse de Degwitz fusionó su amor por el flamenco con una carrera transformadora. Durante 30 años la escuela ha crecido hasta convertirse en un faro de estilo y maestría. Lo que comenzó con dos grupos ha evolucionado hasta albergar a 350 estudiantes, creando una comunidad vibrante y apasionada por el flamenco.
El crecimiento de la academia no solo se refleja en la cantidad de alumnos, sino también en la calidad de las presentaciones. Las primeras revistas musicales dieron paso a obras teatrales bailadas, donde Marilse logró combinar narrativa con danza, elevando el espectáculo a nuevas alturas. Este enfoque innovador ha permitido que cada presentación cuente una historia única.
Proceso creativo de un espectáculo de flamenco
El proceso creativo detrás de cada espectáculo es una danza sublime entre música y moda. “Cada espectáculo nace de una inspiración”, explica Vargas. Desde canciones alegres hasta conceptos innovadores, cada obra se convierte en una narrativa cohesiva que cautiva al público y mantiene viva la esencia del flamenco, fusionándolo con ritmos modernos.
El vestuario juega un papel crucial en esta narrativa, diseñado personalmente por Marilse. Cada traje no solo embellece, sino que también comunica la esencia del personaje. Así, el flamenco no solo se baila, sino que se vive, se siente y se viste con estilo. Esta fusión de arte y moda es lo que hace que cada presentación sea un evento memorable y único.
Cuando le preguntamos a María Ilse Vargas, una de las representantes del flamenco contemporáneo en la cuna del flamenco en Venezuela, sobre los valores que busca inculcar en sus alumnas, su respuesta fue tan vibrante como un taconeo en el escenario: “Les digo a todas, con el corazón en la mano”, no dejen de bailar”, porque, en su mundo de bulerías y pasión, el baile no solo es movimiento, es el hogar del alma, un refugio que siempre estará presente, incluso, a miles de kilómetros de distancia.
En este mágico universo del flamenco, el legado y el amor se entrelazan como un hermoso tejido. Marilse observa con orgullo a su hija Constanza, quien ha estado involucrada en el mundo del flamenco desde el vientre de su madre, donde cada paso de baile se convierte en un retumbo del impacto profundo que el arte deja en quienes lo viven. Este espacio no es solo una academia, es un epicentro creativo donde madre e hija comparten risas, sueños y un futuro resplandeciente.
Al cruzar las puertas del estudio, las alumnas son recibidas como viejas amigas, envueltas en abrazos cálidos y sonrisas brillantes. La energía vibrante de Marilse inspira a las jóvenes más avanzadas, creando un entorno de crecimiento mutuo. Aquí, no solo se enseña, se renueva el espíritu recordando por qué el arte es la esencia de la vida.
Lo clásico se encuentra con lo moderno
El flamenco no es solo tradición, es una danza que evoluciona. En un mundo donde lo clásico se encuentra con lo moderno, Marilse enfrenta el desafío de mantener la autenticidad mientras comprende la innovación. Con guitarristas locales escasos, se apoya en la potente voz de Ingrid Bagur, una cantadora que regresa para hacer vibrar el escenario. La mezcla de flamenco con influencias de pop y jazz se convierte en un espectáculo deslumbrante, donde cada nota cuenta una historia.
Cada año, Marilse se enfrenta al emocionante reto de crear dos espectáculos distintos: uno en verano y otro en diciembre. El vestuario cambia como un camaleón, adaptándose a las temáticas de cada temporada. Este proceso culmina en un desfile deslumbrante, donde se cuentan, a través del baile, relatos cautivadores y visualmente impactantes.
Y cuando llega el momento del espectáculo, el aire se llena de amor y gratitud. Exalumnas, desde rincones lejanos del mundo, envían mensajes de afecto, deseando ser parte de ese momento mágico. Este amor refleja su esencia y la chispa que encendió su ser.
¿Qué representa el baile en la vida de Marilse?
“La danza es mi compañera inseparable y mi esencia. Desde que nací ha sido un hilo conductor entre mi familia y la academia. Es mi refugio, mi inspiración y un abrazo eterno que nunca me suelta”. Así, en cada paso que da y cada espectáculo que presenta, Marilse no solo baila, celebra la vida misma.