¿La táctica de Marco Rubio para Venezuela está socavando el plan de política exterior de Donald Trump?
El progreso diplomático corre el riesgo de verse frustrado por la agresiva intervención de Rubio, contrario a las inclinaciones ultrarrealistas de Trump en política exterior
Internacional.- Mientras las negociaciones para poner fin a la guerra en Ucrania dominan los titulares en Estados Unidos, un cambio crucial en la política exterior se está desarrollando mucho más cerca de casa, uno con importantes implicaciones para los trabajadores del país norteamericano.
En el centro de este cambio se encuentra el Secretario de Estado Marco Rubio, cuyo enfoque neoconservador hacia Venezuela amenaza con socavar los intereses estratégicos de Estados Unidos.
En cambio, las intuiciones del presidente Trump sobre Venezuela han sido acertadas hasta el momento. Se dice que quiere alejarse del fracaso de la "máxima presión" y, en cambio, mantener el flujo de petróleo venezolano para reducir los precios internos, así como aumentar la cooperación en los vuelos migratorios. Pero el inquilino de la Casa Blanca no puede hacerlo todo a la vez; esto ha creado una oportunidad para que Rubio ejerza influencia.
El resultado de las últimas semanas ha supuesto un cambio de estrategia que pone en peligro los esfuerzos del enviado especial de la Casa Blanca, Richard Grenell, para frenar la migración. También se corre el riesgo de perjudicar a la clase trabajadora estadounidense que eligió al empresario en 2024.
Las cosas habían ido por buen camino. En enero de este año, la visita de Grenell a Caracas marcó un deshielo en las relaciones y un cambio duradero en la política de "máxima presión" que no había dado resultados tangibles.
Grenell logró la liberación de seis detenidos estadounidenses y Venezuela aceptó el regreso de 177 migrantes desde Estados Unidos luego de un vuelo de deportación a Honduras.
Sin embargo, este progreso diplomático corre el riesgo de verse frustrado por la agresiva intervención de Rubio en marzo, que detuvo las negociaciones de Grenell sobre los vuelos migratorios y fue contrario a las inclinaciones ultrarrealistas de Trump en política exterior.
La administración, temporalmente convencida por la agenda del Departamento de Estado, ordenó abruptamente a las operadoras petroleras extranjeras, incluida Chevron, que cesaran sus labores en Venezuela en un plazo de 30 días, una medida impulsada por el empeño de larga data de Rubio con un cambio de gobierno.
Rubio, un antiguo partidario de la "máxima presión", aprovechó la oportunidad para imprimir su visión equivocada a la política estadounidense mientras la atención de la Administración se desplazaba hacia Europa.
Las consecuencias de este cambio repentino podrían ser graves para la seguridad fronteriza y energética de Estados Unidos.
En primer lugar, las acciones de Rubio han debilitado la capacidad del presidente Trump para frenar la migración ilegal desde Venezuela y han socavado los esfuerzos de Grenell para mantener vuelos de deportación consistentes.
En segundo lugar, reducir los ingresos petroleros de Venezuela, como Rubio considera oportuno, solo hundiría a Nicolás Maduro en un abismo geopolítico peligroso, ya que la ausencia de operadores estadounidenses crea un vacío considerable en el sector petrolero venezolano.
Como resultado, Caracas podría invitar a operadores chinos, que ya tienen presencia en el mercado petrolero venezolano, para reemplazar a Chevron, erosionando aún más la influencia estadounidense en la región y fortaleciendo la presencia de su adversario clave en su propio hemisferio.
Las operaciones de Chevron juegan un papel crucial en el mantenimiento de la economía de Venezuela, cuya estabilidad es esencial para reducir los flujos migratorios hacia la frontera sur de Estados Unidos. La empresa representa el 30% de los ingresos petroleros de Venezuela, apuntala al sector privado del país y soporta el sustento de muchos ciudadanos comunes.
La Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras) ha instado tanto a Trump como a Maduro a reabrir las conversaciones y renovar la licencia de Chevron para operar en el país.
Es alentador que ahora parezca una vez más que la Casa Blanca está contraatacando el enfoque equivocado de Rubio. El anuncio de Grenell la semana pasada de que Washington y Caracas acordaron continuar con los vuelos de deportación es un intento de reafirmar los instintos pragmáticos de Trump por encima del rumbo destructivo de Rubio.
Mientras tanto, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, reconociendo el potencial impacto económico local del aventurerismo de Rubio, ha buscado frenar el agresivo impulso del Departamento de Estado para la eliminación de licencias.
El Wall Street Journal informó el jueves que Trump está considerando seriamente una extensión de la licencia de Chevron, citando temores de que China pueda asegurar un punto de apoyo estratégico en la región.
La Casa Blanca, sensatamente, parece estar aplastando las esperanzas de Rubio de un retorno a la "máxima presión" y rechazando la agenda dañina del Departamento de Estado.
De hecho, la estrategia de Grenell de priorizar el compromiso y el pragmatismo económico de Bessent reflejan un reconocimiento de que la estabilidad en Venezuela sirve tanto a la seguridad como a los intereses económicos de Estados Unidos.
Sin duda, aprecian la dependencia de Estados Unidos del petróleo venezolano, que durante mucho tiempo ha sido el sustento de las sedientas refinerías de la Costa del Golfo que dependen de su crudo excepcionalmente pesado.
La fijación de Rubio en las posturas políticas —alimentada por sus vínculos con los cubanoamericanos de línea dura en Florida— ha creado un cambio peligroso en la política hemisférica. En el fondo, su creencia de que estrangular la economía de Venezuela generará seguridad y estabilidad revela una preocupante ausencia de previsión estratégica.
En realidad, su enfoque corre el riesgo de inflar los costos de la energía, desestabilizar América del Sur y alimentar mayores presiones migratorias en una frontera con Estados Unidos que ya está al borde del colapso.
El instinto de Trump para dialogar con Venezuela es lógico y pragmático. En este punto, la estabilización depende de asegurar que la nación sudamericana no caiga en una espiral de hiperinflación.
Sin embargo, para tener éxito, se debe frenar la influencia de Rubio y empoderar a figuras como Grenell para que implementen una política sensata que garantice la seguridad fronteriza y energética. Cualquier cosa menos que esto corre el riesgo de provocar caos en el exterior y grandes dificultades en el país norteamericano.